Comenzaría así, tirandote en la cama, besando cada centímetro de tu cuerpo.

jueves, 2 de mayo de 2013

Cosas de perros

Todavía recuerdo el día que fui a por él. Había muchos perros más, sin embargo, yo elegí aquel que estaba allá calladito y manso. Me advirtieron que por mucho amor que le diera, jamás mostrara una pizca de  afecto hacia mi. No creí a nadie, ignoré los consejos. Allí solo estaba o y el perro. El perro me miraba con unos ojos brillantes. Era un cachorro precioso, el cual me embaucaba con una mirada. Entonces, pasé de los otros perros, pues ese me cautivó y decidí quedármelo. A medida que pasaba el tiempo, lo quise más y más.     El sin embargo no era como yo. Yo le daba todo, llegué a entregarle mi corazón. A veces sí que vi muestras preciosas de su parte, incluso llegué a pensarlas como muestras de amor. Viví ilusionada con mi perrito, con mi perro hermoso. Como una ilusa creí innumerables veces en que lo estaba haciendo cambiar. Ahora me doy cuenta de lo estúpida que fui, al creer que ese animal, cambiaría por mi. Para mi era mi perrito, mi hermoso cachorrito que me hacía reír y muy feliz. Un día observé que no era el mismo, ya no daba ni esas muestras, ya no se asomaba a la puerta a ver si yo llegaba, no me lamía la cara ni se acercaba, apenas ya me  rozaba. Empecé a darle vueltas a la situación, decidí seguir teniéndolo hasta que me ladró. No pude más  y comprendí que mi perrito no quería de mi. Me vi obligada a echarlo, a que fuera a lo que añoraba, su libertad. Luego me arrepentí, y vaya si me arrepentí. Aunque lo intenté él no quiso volver. Ahora lucho por aceptar que es lo mejor para ambos, porque yo sufría por quién no me quería y él por lo que no tenía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario